EL CAJÓN DE LOS GARABATOS: Sospecha.

By HISTORIAS CON “K”

Atravesaba las calles consciente que aquel amanecer, más frío, más duro, más oscuro… e incluso más lleno de posibilidades, era un día que había que aprovechar. Se decidió para su camino de cada día, hacer la ruta de siempre: Atravesar el pueblo, e ir recorriendo el gentío hasta llegar al lugar en el que todos se incorporaban para hacer sus ejercitados ejercicios, solo que, ella caminaba para dejar volar la imaginación. Aquello, la impulsaba a estar más tranquila, en definitiva, más sosegada.

Las calles, rezumaban ese aire frio que entraba por las fosas nasales y emitia un vaporoso aliento, y aunque llevaba guantes, aquel frío gélido, le recordaba terriblemente, a las mañanas que caminaba a toda prisa para llegar al Instituto. Lejos de ser un recuerdo malo, recordaba, con cierto cariño, las imágenes que see sucedían al recorrer un pueblo en el que todos se conocían. Pero aquella mañana, se había apartado de todo el barullo para un amanecer fuera de voces que la extrayeran del sentir de su juventud. Pudo haber sido todo lo malo que fuere pero aquellos paseos la experimentaban a quedarse con lo bueno de aquellos días.

Caminó cerca de una hora, y cuando tuvo bastante, volvió a la algarabía y las vidas que ajenas unas de otras se veían en un vaivén de personas que a día de hoy, no se conocían entre sí. Ahora eran: Desconocidos.

Se deslizaba, cómo flotando en un ensimismado sentir, mirando tiendas, mirando a la gente, observando los gestos, las sonrisas, los rostros serios, otros alegres, a los niños, a los ancianos y hasta a los jóvenes: Cuanto había llovido. Ahora ella rozaba la treintena y por un pasado casi a expensas de querer ser algo más que el de una vida corriente, se había quedado en el alquiler de una habitación más elevado del que podía permitirse y un evidente gasto en libros que se acumulaban en la mesita, por falta de espacio. Sí, cómo casi la gran mayoría de la población norteña. Corriente… Un rato.

Al girar la esquina, le pareció ver algo, miro a un lado y a otro. La presencia de que algo la perseguía se hacia cada vez más notorio. Y su cansancio, comenzaba a procurarle esas ganas de ingerir algo solido de todas las maneras. Halló una cafetería, se sentó, extrajo del bolso un librito al que le tenía cariño y releía una y otra vez. Era de sus lecturas favoritas. Pidió un cortado, encendió un cigarrillo y siguió echando aire por los pulmones como si estuviera en el polo Norte y no, en un lugar costero. La humedad, podía ser cruel, pero estaban en el interior y tampoco se hacía de rogar el frío.

Se sentía extraña. La sensación de que algo la perseguía y la vigilaba, era cada vez más notorio. Engulló el cortado todo lo deprisa que pudo, echó el libro al bolso, y recogió el arsenal de paquete de tabaco, mechero, y varios. Y al pagar e irse… Miró hacía atrás …

Halló a una chica que corría justamente detrás de ella, intentando alcanzarla en la lejanía:

  • ¡Ostras! llevo toda la rambla intentando alcanzarte.- Dijo con el aliento entrecortado- ¿Cómo estás? han pasado muchos años.

FIN.

GRACIAS POR LEER,

HISTORIAS CON ·”K”

2 comentarios en “EL CAJÓN DE LOS GARABATOS: Sospecha.

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