Relato: Aniversario

Imagen propia

No recuerdo cuando fue lo que olvidé…

…Era un sentimiento que recorria todo mi ser, me hacía inflar mis pulmones y regresaba en mi, expulsando el aire que de mi interior habitaba. No recuerdo, pero mis piernas palpitan al ver el lugar una vez más.

Cada árbol, cada banco solitario, cada personaje, un esbozo al recuerdo que no logra dar con la tecla adecuada. Es una sensación desgarradora. Mi pensamiento me obliga a hacer clic con cada olor, cada roce del brisa que delicadamente me avisa de que donde estoy hay algo más. Saco mi botella de agua, sorbo unos buenos tragos y recuerdo la discusión del fin de semana. Todos estos días hemos discutido. Toda atención, me recuerda el enfado de tan grande estruendo el nuestro al discutir: Yo tengo razón.

La fotografía me sigue invadiendo del espacio que ocupa en mi interior. De lo conectada que está conmigo. Cada sombra, cada luz, cada parte de ella me oprime el corazón y luego me devuelve al enfado con el que estaba: ¿Porque me dijo aquello?

Una maraña de hilados pensamientos brotan de pronto y me encojo de hombros, bajo las escaleras y dejo la fotografía para preparar el café que me llevará de vuelta a mi razocinio matutino. Sirvo el café y mientras este da vueltas en el microondas, el pensamiento es accionado con la intención de hacer de las suyas. Es entonces cuando al recoger el vaso, después del aviso del aparato de que ya está lito, subo las escaleras y me acomodo en el sofá. Un sentimiento riega mi corazón de una imperiosas ganas de salir. Decido, esta vez, coger la camara, una botella de agua, engullir el café a toda prisa, y salir en dirección al Zapillo.

Las calles lucen brillantes, el calor de la calle dibuja una sonrisa en mi rostro y tras un largo recorrido, tomo asiento en el lugar de la fotografía. Un hombre sentado en un banco, chiquillos corretando, la suma infinita de un grupo de turistas y el eco del mar de fondo logran la acústica perfecta para sacar la botella de agua y sentir, por primera vez, ese sentimiento de cansancio transformado en calma.

Una vuelta a casa, desde los ojos rápidos del bus logran hacerme olvidar porqué estaba enfada y al abrir la puerta de casa, cambiarme de ropa y servirme un té, todo rastro de llanto, tristeza, rábia o inquietud, ha desaparecido. Una llamada entra en el telefono pero estoy demasiado enajenada con la calma que me invade en el interior. A los pocos minutos suena y logro ver un mensaje que reza:

“Lo siento, te juro que aunque no me acordara del aniversario, te sigo amando incluso más que cuando nos conocímos”

HISTORIAS CON “K”

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