Relato: La Gorrona

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Caía cada mañana, del grifo, la gota que indicaba que necesitaba un arreglo. Nada impedía que la gota siguiera cayendo. Al fin y al cabo, ninguna de las dos había querido arreglar el artilugio de ninguna de las maneras, y aquella noche tras varios intentos por cerrar la corriente y no obtener suerte, continuó viendo la televisión con su hermana:

-¿No sería mejor que llamaras a un fontanero?- Dijo Sandra

-Lo sé, pero esta semana estoy hasta arriba de facturas y me es imposible arreglarlo. – Miró de reojo a su hermana, sonrió y arrimandose hacia ella, zalamera, dijo – Hermanita querida… – Sandra arqueó la ceja y adoptó una distancia prudente. Sabía que Kenia quería algo. – ¿Podrías pagar tú la factura? – Puso cara de pucheros.

– Siempre me haces lo mismo…- Se quejó Sandra

– Sólo esta semana… Venga, te prometo que te lo devolveré…- Le guiña un ojo.

-Está bien… pero deberías de encontrar un trabajo mejor que el que tienes o me voy a arruinar con tanto sacarte las castañas del fuego.

– Gracias, hermanita. Ya verás que te lo devuelvo.

La noche discurre sin alteraciones. Cada una sostiene un plato de comida y engullen helado. Era lo mejor de un sábado por la noche.

Suena el despertador y las dos hermanas se acicalan para irse a sus respectivos trabajos. Sandra a la oficina como publicista y Kenia como dependienta de una tienda de ropa, en el centro de la ciudad.
Las dos desayunan y Sandra deja a Kenia en la tienda.

El día llega a su fin tras catorce horas de jornada. Sandra recoge a su hermana menor en el centro y vuelven a casa para cenar. Sandra lleva cara de pocos amigos. Kenia se percata antes de que pueda abrir la boca y se ha echado a la cocina a preparar un buen plato de arroz con pollo. Después de media hora y un cuarto en bajar, hacer cola en el super, y traer pan para la semana, cenan a la luz del televisor:

-¡Vaya! Hoy te has lucido con la cena Nana.- Así solía llamar a su hermana menor Sandra con cariño

– ¿Me vas a decir qué te ocurre? ¿Por qué traes esa cara de pocos amigos?- bromea

-La empresa me ha propuesto que pruebe un producto para comercializarlo y la verdad… no estoy muy convencida de que llegue a buen puerto.

-Venga ya, vendes cosas muy chulas.¿Qué me dices de ese aparato que rizaba el cabello con sólo una pasada? ya nadie puede vivir sin él. O ¿ las tapaderas de váter, aquellas monísimas, con unas senéfas decorativas que parecían de abuela y hasta mi jefa tiene? Sandra,¡ pero si vendiste un palo de fregona que de madera que parecía sacado de los años ochenta y todos lo compraron!. Tú puedes vender lo que sea. Seguro que no es para tanto mujer.

Sandra se dirige hacia su bolso y saca una caja con una mariposa como logotipo en la caja. Lo extrae y Kenia pregunta:

– ¿Es para pescar?

El objeto es un tubito de con una mariposa de algodón y un cordón que cuelga de el.

– Es un támpax. Tengo que hacer que las jóvenes se pongan esto cada vez que … en fin …

Kenia lo estrecha entre sus manos. Se echan una mirada cómplice y rompen a reír a carcajadas.

– Claro porque dentro de una mujer, en su vagina hay mariposas… ¿A quién se le ocurrió la idea? Es ¡indignante!

-A una empresa liderada por hombres, que por lo visto, me pagarán una gran suma si logro que se comercialice bien… ¡Buah!- espeta Sandra

Kenia entiende que es una gran oportunidad para su hermana así que muy a pesar de que no le convence el objeto que ha traído la anima y la convence de que puede vender hasta una ramita de olivo.

Se acuestan bajo un manto de risas acerca del támpax y pasan una noche amena.

Suena el despertador. Sandra se dirige al baño. Kenia no está. No se preocupa, pues seguramente estará trabajando.

Al llegar a la tienda le comunican que Kenia ha salido del trabajo alegando ir a casa. Sandra se dirige a casa pero Kenia no está. Deja preparada la cena para cuando su hermana llegue y se queda dormida en el sofá esperándola.

A la mañana siguiente, Sandra observa que hay un plato ensuciado, hecho que llena de tranquilidad a la primojenita, así acude a su trabajo sin perder tiempo. Durante toda la semana Kenia no aparece por casa , no llama y sólo se sabía que había estado, por los atuendos que iba dejando por toda la casa, los platos sin fregar y las notas de aviso asegurando que estaba bien. A Sandra le sorprendió esa repentina ausencia de su hermana pero no se preocupó.

Llegando cansada el viernes por la jornada. Sandra hizo como durante toda la semana la cena con la esperanza de que cuando llegara el fin de semana, viera por fin a su Nana y poder preguntarle de una vez dónde se había metido. A las doce de la noche y con el mando en la mano y con esfuerzos para poder abrir los ojos, la hermana mayor intentaba incorporarse, pero el sueño le vence.
Oyó la puerta pero no vio que era Kenia que llegaba a casa con un sobre.Nana la tapó con un fullard y se fue a la cama.

Sobre la mesa, un gran sobre aguardaba en la cocina. Sandra se despierta bien entrado el mediodía y no lo ve. Tampoco se percata de que el grifo ya no gotea. Junto al sobre, hay una carta que aúnnno ha logrado ver. Se sirvió una taza de leche en un bol y unos cereales, una tostadas y un zumo natural e hizo tortitas por si Nana tuviera apetito, pero no apareció.

Abrió el ordenador y comenzó a redactar un artículo sobre el producto que había tenido que probar durante una semana. Página en blanco. El repiqueteo del boli en la mesa. Se llevó un buen cucharon de cereales a la boca . Fue a la nevera para mirar el horario. “¿Dónde estaba Kenia?” era lo que se preguntaba, entonces al girarse vio el sobre. Sonó el teléfono. El director quiere para el domingo la valoración de los támpax y un posible nombre que de gancho.

La cabeza de familia tenía que hacer recuento de lo incómodo que era tener un objeto y en forma de mariposa dentro de su vagina. Era incómodo, tedioso, poco natural, y si le preguntaban, horrendo, además de ofensivo para las feministas. No sabía cómo iba a salir airosa de aquello. Aquello le recordó lo que le dijo su querida Nana. Se puso manos a la obra no sin antes abrir el sobre.

En el interior habían mil dos cientos euros. “¡Qué barbaridad!” Se le escapa. En la carta, averigüó que cada día de aquella semana Kenia había estado trabajando horas extras para poder darle el dinero que le debía desde hacía más de cuatro años. En el pie de página, aseguraba que había llegado el momento de abandonar el nido e independizarse porque ya ha se había valido mucho tiempo de la amabilidad de Sandra. Esboza una media sonrisa y una lágrima cae sobre la encimera.

Es entonces cuando recuerda la adolescencia de su hermana pequeña. La imagen de sus padres ya fallecidos, todos juntos en un prado y una mariposa. En un momento dado su madre se sienta y se ovilla junto un matojo seco y abraza a Kenia: Fue la gran idea para el anuncio.

Pasado un año, el producto no triunfó del modo en que predijo su hermana, sino que en lugar de un támpax con forma de mariposa, se produjeron preservativos con un muñeco que hacían de las relaciones, la estimulación de la mujer, ¿Adivinan qué muñeco fue? pero no hubo problema porque gracias ese anuncio, surgieron nuevos proyectos.

El mensaje de su hermana era el nuevo suceso del día en el móvil. Con la alegría de un nuevo trabajo como columnista en una revista digital y la  cita en la cafetería preferida para celebrar, reencontrarse de nuevo, es lo único que le preocupa a Kenia, pero su hermana mayor la mira y no puede creer lo mucho que ha crecido Nana, su hermana pequeña.

©️Historias con “K”
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2 comentarios en “Relato: La Gorrona

  1. Hola Keren, tu estilo literario sale reforzado cuando abordas de una manera natural (que no menos compleja) la cotidianidad de las las relaciones humanas. En este caso es un relato muy especial de ese amor entre hermanas que desde tu visión femenina puedes comprender mejor y traslada con fuerza a tus textos.
    Encantado una vez más de leerte, saludos y buena tarde.

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