FotoRelato: Barcelona

¡Buenas mis asiduas/os!

Muchas/os ya sabéis que estoy fuera de mi ciudad y he vuelto un tiempo a mi lugar de nacimiento. Y os quería relatar un poco, como estoy viendo estos días algunos lugares.

VIAJE Y RECORRIDO

El Viaje de ida no solo auguraba unas horas en las que quieta, iba a ser algo más que un desafío. La impaciencia, el hambre, y el cansancio jugarían un papel en el que ni con el móvil, podría sostener el cansancio.

Puede reprimir horas de sueño, por el miedo a quedarme dormida cuando llegaramos al destino, pero siempre me acaba pasando lo mismo: que duermo al final del trayecto y no cuando estamos en camino.

A estas alturas, ya sabrás que el destino es Barcelona y que como algunas/os ya sabéis he vivido aquí desde niña. Nacida y criada. Los nervios me comían y decidí pasar la noche escribiendo tuits, leyendo blogs y repasando palabras. Tampoco estuvo tan mal. Pero el meneo del bus, y las horas que eran a las que me puse quizá no acompañaban, no me hacian la mejor escritora, ni tan siquiera conseguí la templanza para contener un bufido por los mensajes que me llegaban. Cada vez estaba más ansiosa: ¿Me verían rara? ¿Me vendrían a buscar o tendría que ir yo sola hasta casa? ¿Recordaría el idioma al llegar?

Cada pregunta era más dificil para mi. Pero, la de todas todas era si mi madre y mi hermano seguirian igual. ¿Les iria bien?

Salida a las siete de la tarde de almería y llegada a las nueve menos cuarto al destino.

¿Cansada? No. Lo siguiente. Pues dormir, no hubo manera.

Nos abrazamos, y en el momento de los besos y los abrazos no lo noté pero necesitaba ir al baño porque sino de seguro me lo hacía encima. Nos tomamos un café y nos pusimos al día a lo que ella, mi madre, me dijo que me veía muy guapa y que fui muy exagerada al decir que estaba muy mal. Ya me entendéis. Sobre mi peso. De hecho, la última vez que nos vimos pesaba una barbaridad y teniendo en cuenta que habían pasado más de cinco años… No dije nada, aunque el amor de madre, es incondicional, me hizo bien. Por que sabía que lo decía con cariño y que por supuesto, era verdad. Si a algo no nos ganan la relación entre ella y yo es que nos decimos todo muy a las claras. Y como echaba de menos que mi madre intentara hacerme sentir bien, fue un elogio que cayó muy bien, tanto que, comencé a fijarme en ella.

Ya no estaba delgadita. Su piel seguía tersa y bien cuidada. Al acercercarme ella su perfume embriagaba los recuerdos de mi niñez y mi adolescencia. Es que en ella, el olor, la voz pausada, la mirada centelleante de sus ojos y su sonrisa mientras me soltaba una rethila de sucesos que habían ido ocurriendo durante los años, me indicaban que aquí estaba en casa.

Más tarde, sobre todo en ese momento que crees que vas a dormir pero un cumulo de cosas se suceden, llamadas y un en este caso, el partido de mi hermano menor y unico, cubrían la tarde con un calamar, ensalada y vino, café y un chupito que celebraban los días venideros.

Mi hermano, se había convertido en un todo un hombre. Trabajaba, mantenía su casa, estaba con su novia, con sus dos perros y con las aventuras y desventuras de una pareja.

En ese clic que hacía el cerebro por querer recuerperar al niño que deje cuando con veinte y pocos. Deje el Norte para cambiarlo por el Sur. En un instante recordaba las llamadas de mi “pequeñajo”, le digo, (Porque de pequeño no tiene nada, es más alto que yo, pero claro puestos a poner, cualquiera puede ser más alto/a que yo jeje!) diciendome que me echaba de menos.

En estos días, Todo ha sido muy tranquilo, la habitacion donde habitaba en mi juventud la descubrí con un lavado de cara que le había dado mi hermano, muebles nuevos y todo cuanto conocía en el piso, había o cambiado de lugar o había sido subtituido por un mueble mejor, más nuevo, más moderno.

DESPUÉS DEL RECIBIMIENTO… HOGAR, DULCE HOGAR

La semana comenzó con mucha lectura y sosiego. Escritura y bloqueos nocturnos escritoriles. Pero poco a poco, fui recobrando la agilidad y las ganas al encontrarme con la cuidad. Iré relatandola, iré redescubriendola donde se meceren y se confunden los compilados edificios y las sorpresas de verde. Donde la gente camina a sus anchas y no hay otro que la ciudad en su amplitud.

Y así comenzaba un día cualquiera donde la Diada hacía su aparición, y la lluvia también. Pasados unos días, en los que café y libro, amortiguaban el sueño y el descanso. La calle me llamó, me indicó por inercia a donde tenía que ir: Donde mis ansias me llevarán pero sobre todo, donde el corazón ahora raro, pero bateando con fuerza, se hacía pequeño en medio de tanto bullicio. Me dije, que aquello, sí, era verdadero sosiego entre castellano y catalán. Porque se puede ir a Cataluña y encontrar el castellano. Solo que yo añoraba mi lengua, mi segunda lengua y en una paradita, en la estación como si aquello fuera una señal adquirí un libro en catalán con tal alegría que luego el miedo se instaruaba y la risa floja preguntaba ¿Conseguiré entender el libro? no era un miedo despavorido, pero interiormente, me reía. Y todo, me parecía maravilloso.

EL DESCUBRIMIENTO Y EL PASEO

La Sagrera, Barcelona
Imagen propia
HISTORIAS CON “K”

Pasear por las calles y tomar café. Puede ser algo normal. Puede ser un acto que quizá haga todo el mundo. Que quizá no repare nadie en los sonidos, en lo bajo del tono, en la delicadeza al tomar las palabras, y que quizá yo antaño, ni hubiera reparado si no hubiera pasado tantos años fuera. Pero aquello que llamamos extrañeza se entremezclaba con la formalidad de dejar bajar a los que salen del metro. A los que hablan pero tambien miran a su alrededor para no perder la parada, a los que van acompañados o a los que estan con el movil. Nada parecía tan distinto excepto por el tono del habla. Es curioso como los olores de perfumes se impregnaban al pasar de largo en mis fosas nasales, era admirable como ya casi ni me acordaba los largos trayectos que todos llegaban hacer solo para ir a estudiar trabajar o para ir a ver a los amigos. Ahora, si tuviera que hacerlo… ¿Aguantaría tantas horas sentada? Por lo pronto, hacía donde me dirigía, no tenía nada de largo. Pero ya había visto que se podía hacer un gran esfuerzo caminando si uno quería desde el carril para peatones y por ende el de bici.

Café… si solo fuera eso.

Me dejé llevar por las calles, con tan mala pata que no hacía tanto frio como me esperaba y mis botas me dolían como si fueran a dejarme tirada en algun momento. Pero no me detuve, ¿Cómo iba hacerlo? estaba enajenada con cada detalle, con cada nimio suceso. ¿Como pude haberme olvidado de tantas cosas?

Para mi sorpresa… fui hilando las calles, mirando los rincones, las tiendas, innumerables comercios, Diferentes gentes: vestidas o de raza o etnia, ¿Ya no lo recuerdas K? el ensimismamiento por todo lo que veía, así como los taxis, que no logro acostumbrarme y es que cuesta creer que ya no los vea como algo que pertenece a este luga. Por los colores: mientras que en Almería son blancos y con una linea roja en Barcelona son amarillos y negros. ¡Qué curioso!

Y me tope con ella, mi mente enmudeció y solo pude sentir. El resto, lo dejo a vuestro entendemiento.

Sagrada Familia
Barcelona
Imagen propia
HISTORIAS CON “K”
LA SAGRADA FAMILIA
DESDE LOS JARDINES
BARCELONA
Imagen propia
HISTORIAS CON “K”
SELFIE La Sagrada Familia
Barcelona
Imagen propia
(Septiembre)
HISTORIAS CON “K”

GRACIAS POR LEER,

HISTORIAS CON “K”

2 comentarios en “FotoRelato: Barcelona

  1. Pedazo de viaje Keren. Hay unas cuantas horas de Almería a Barcelona, ja,ja,ja. Pero ese reencuentro familiar creo que ha merecido la pena y además los has narrado muy bien. Bonitas fotos también. Un gran saludo.

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