Microrrelato: Añoranza

Ella, que añadió el batir de su corazón a la banda sonora de su mirar. En ocultos verdes, se hizo a la expresión de un sol que bañaba la ciudad rociando calor para aquellos que no osaban despedirse de las calles en seguida, aquellos que hartos del maratón de peli, el café en casa o el ventilador anestesiado, se cuelan por los rincones substituyendo playa por plazas, café en casa, por el del bar del barrio. El saludo de la churrera que camina un sábado, en busca de ingredientes y vuelve a entrar mientras la cola espera insistentemente a que los churros vuelvan a la carga, solo el que los prueba, sabe que no puede parar de repetir y los más golosos hacen su fin de semana diferente, añadiendolo a la dieta.

Ella, que no es del verde, que es del amarillo y los rascacielos y la sangre fría pero revolucionada, por la añoranza de sus tierras mientras el poniente sureño, hace de las suyas. Recuerda el cierzo, recuerda, a la castañera, recuerda y recuerda tanto, que el corazón le duele. Y es el verde esperanza la que le susurra algo que todos, incluido andaluces, se dicen al ver este famoso color:

“Pronto volveré”

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