Se nos fue …

Cada mañana saltaba los charcos y jugaba en los columpios. 

Las hojas crujían entre las miles que habían. Un regusto entre satisfacción y diversión había en todo aquello. La posibilidad de hacer y deshacer. Divertirse mirando las nubes, oler el petricor de las noches pasadas impregnadas en lluvia. ¿Había algo mejor?

Los días de juegos con mamá y papá. Los dibujos en el comedor, las sabanas con olor a jazmín, los besos de mamá, las caricias de papá y los achuchones de la abuela. 

Saltar, correr, reír hasta doler la barriga, las cosquillas de papá y los bocadillos. Los sándwiches de mamá y el caldo. No hay nada que lo pueda substituir. porque hoy me quiere mamá, papá, la abuela o el abuelo, la tía y las primas. Mira que somos muchos, pero las tías siempre nos regalan chuches y la abuela siempre nos da besos en las mejillas a cada una de nosotros. en cada comida una risa se nos acontece, un chiste del tio que parece que ahora no habla bien, dicen que es el vino, “cosas de mayores” a las primas y a mi. 

Los juegos a las cartas, con las muñecas de las primas, los cantantes de la tele, las galas en televisión y los turrones nos meternos de lleno en el verdadero invierno. La calefacción está muy alta o nos lo parece pero ya nos hemos quitado todos los Jersey y las chaquetas amontonadas en la habitación de la yaya nos recuerda que es navidad en casa de los abuelos. Pedro le dice a Martina, primos entre ellos que se gustan pero nos advierten que somos familia y que no estaría bien que fuéramos pareja. 

Esa noche, todos dormimos en casa de la yaya. Qué contenta parece cada vez que vamos a su casa, como ríen y hablan, no sé muy bien de qué pero todos están muy contentos y hablan cada vez más alto. Será que es Navidad. 

Se nos fue la vergüenza, los malos ratos, las malas caras de ir al colegio, el cansancio de los días escolares, o el trabajo de mamá o papa, o los tuppers de la abuela o la tía. Hoy deben de haber dejado Los Reyes Magos mucho dinero porque comemos carne de la buena. Suficiente para todos y está tan buena que se deshace en la boca. Los dulces parecen no acabarse y todos nos animan a que comamos excepto cuando ya se acaban las fiestas que es cuando nos obligan que repasemos las lecciones de antes de acabar las clases. 

Se nos fueron las sonrisas, se nos fueron las largas noches bajo el brasero, con las historias de nuestras primas mayores intentando asustarnos en la habitación de los yayos. Mamá ha comenzado a poner toda la comida en tuppers, y papa, ahora revisa el ordenador a cada momento, mamá prepara ropa y pone lavadoras a todas horas. Ya no se arregla el cabello, ni se acicala para ir a otra fiesta dejándonos a cargo de papa. 

Se nos fueron las fiestas, se nos fueron las galletas de canela, los bombones, el zumo de sidra (La bebida de los mayores), ya no hay brillo en los ojos de la familia pero la tía Herminia que siempre parece que tiene magia, nos viene a ver en estos días previos a las clases, y parece que aun estamos en fiestas pues sus bromas y sus chistes malos, hacen reír a mi padre y mi madre dejando de lado las tecnologías por momentos, hasta que se sientan en el sofá y vuelve a ser ese día mágico que nos trae de vuelta a los días en que todo, es armonía y tranquilidad en familia, aunque en realidad, no estamos todos en nuestra casa, solo las primas y las tías, papa y los tíos se han ido al bar. Deben de quererse mucho pues siempre nos juntamos todos. 

Historias con “K”

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