Lo que ella dice.

…Y allí estaba ella sin miedo a la locura, al jugueteo de la vida, paso a paso decidió que estar en aquel lugar no era algo que hubiera sido cosa de la suerte sino que más bien había elegido a todos y cada uno de los pasos…

No es fácil elegir un motivo por el que querer seguir adelante, no es fácil dejar aparcados los momentos de ansia, olvidar el miedo y apostar por lo que realmente quiere una. ¿Qué es lo que quiero? Alguien le dijo que apesar de todo, lo intentaba, que a veces se perdía en el camino pero que volvía a encauzar su verdadero camino. Si bien, encontrar que algo cómo la libertad de poder hacer lo que una quiere es liberación, deseo y gratificante. Vivirlo cómo forma de vida era algo que la alentaba con fuerza.

Luchar por lo que una quiere no es comenzar algo y dejarlo, pero si lo volvía a retomar aquello significaba que nadie la haría perder esas ganas por degustar a pleno pulmón de ello.

Porque querer no es lo mismo que deber. Querer implica deseo, mientras que deber, imposición. Fue algo que tuvo que adquirir y preguntarse varias veces. Habría quién diría que el hábito hace al monje pero por ahora, había encontrado una nueva forma de exprimir la vida y eso de querer era lo que había deseado desde hacía tanto tiempo que casi ni se lo podía creer.

Tuvo la certeza de que, que aquellas sensaciones eran fruto del apoyo continuo de las personas desinteresadas y por supuesto, su insistencia estar bien o al menos, pensarlo. El pensamiento jugó gan parte del trayecto recorrido. Cuando uno focaliza lo que quiere, cuenta la chica, que traza un futuro próximo e inmediato. Quizás sea un método, de lo má sencillo pero a veces, lo dificil es precisamente eso. No permitir que un pensamiento se interponga en el querer, lo que deseas y lo que deberías.

Nunca es fácil encontrarse en un momento de debilidad y pensar en algo alegre, animado o que recuerdes con cariño. Apartar la mente de lo que no te hace bien pero lo intentaba, y poco a poco trabajándolo había conseguido cierta estabilidad.

Ella era imponente, contaba una historia que jamás supo pero que con solo observar sabía que era hermosa. Y mirando las construcciones, supo lo pequeños que somos todos, no solo ella. Por lo que todos estamos llenos de carencias pero también de virtudes. Quién esté libre de pecado que tire la última piedra.

Los caminos no tienen final sino descansos. Unos largos o tal vez, cortos. Habrá momentos que te sentirás con fuerzas para continuar y habrá otros que lo echarás al garete pero es totalmente válido. Dice ella que en esos momento bajos es cuando realmente se aprende lo que es disfrutar de verdad en los momentos altos es por eso que, ella grita, si se enfada; llora, si le duele; dice , si le molesta; ríe, cuando le hace gracia y abraza, abraza mucho.

Ella sabe que hoy estará bien, pero que mañana podría estar triste, no es vergonzoso, pero trata que esos momentos en los viva intensamente pues el cuerpo y la mente es sabio y recurre a lo que sabe que le gusta. Nadie es mal educado, todo se aprende. Estamos, mal acostumbrados. Dice ella que nos hemos atiborrado de malos hábitos y es por eso que debemos ver según que situaciones cómo puente de aprendizaje y observar maravillados y como el que mira una catedral.

Historias con “K”

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