Relato: Hoy no, quizás mañana

La situación se hacía ya, un problema que parecía que no fuera a resolverse. Del armario, el cajón estaba descolgado, las estanterías se caían; uno de los pilares que sujetaba la cama y para que el colchón pudiera reposar en su lugar, estaba roto; la mesa del comedor estaba sin cristal, La puerta de la habitación no tenía puerta y teniendo un marido que sabía arreglar todo desperfecto, aquello estaría arreglado en un abrir de ojos: -Cariño, el armario tiene el cajón descolgado. ¿Me lo podrias arreglar? – Claro, ahora después. Marga sabía muy bien que trabajaba mucho y que … Continúa leyendo Relato: Hoy no, quizás mañana

Relato: Hoy no, quizás mañana.

La situación se hacía ya, un problema que parecía que no fuera a resolverse. Del armario, el cajón estaba descolgado, las estanterías se caían; uno de los pilares que sujetaba la cama y para que el colchón pudiera reposar en su lugar, estaba roto; la mesa del comedor estaba sin cristal, La puerta de la habitación no tenía puerta y teniendo un marido que sabía arreglar todo desperfecto, aquello estaría arreglado en un abrir de ojos: -Cariño, el armario tiene el cajón descolgado. ¿Me lo podrías arreglar? – Claro, ahora después. Marga sabía muy bien que trabajaba mucho y que … Continúa leyendo Relato: Hoy no, quizás mañana.

Microrrelato: El Sol

¡HOLA, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores! (Extracto de una libreta) EL SOL << …Diría que es el sol el que me guía, el que me anima a continuar. Con sus rayos y su compañero azul, me invitan a la alegría. Imágen extraída Google Lo sé porque un destello chisporrotea dentro de mí, en cada iluminación. Su manto frío al descubierto, me sugiere que sienta al viento. Mi medrería a este del poniente, me acobarda engañandome, y es que la casa es fría, pero si me aventuro a sentir la calidez de esa luminiscencia que acaricia mi piel canela, … Continúa leyendo Microrrelato: El Sol

Sin previo aviso.

¡HOLA, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores! …Un cigarrillo impregnaba el oscuro cielo de cada noche. Un paso. Dos. Unas piernas se acercaban cada noche a la misma hora, a la puerta de aquel edificio de apenas cuatro plantas,  sobre un capó cualquiera, en medio de la noche, unos ojos observaban la luz tenue que desprende la habitación de la segunda planta. Una hora. Y hasta dos horas observan esos ojos llenos de impaciencia. Algo debería esperar. ¿Sucedería algo? Las persianas hacen su cometido llegadas las doce en punto. Un barrido hacia abajo. Ya no hay luz… Helena es … Continúa leyendo Sin previo aviso.