La osadía de una elección tripartida.

Me gusta mi silueta, me gusta lo destartalado de mi cabello por las mañanas, mi piel que se podría asemejar al de una diosa egipcia, mis labios carnosos son bonitos de ver, mis ojos algo entrecerrados, están marcados por una lesión que me impide ver como quisiera, pero que con gafas está solucionado. Ello me preocupaba a los diez y seis. Ahora busco los cristales y la montura más chulas.

Mi cabello no es liso como el de la piel caucásica, quizás no es tan manejable y es más recio, indomable después de un día de sol, pero es versátil, es moldeable, y aunque no sale por televisión, muchos intentan imitarlo. Mis dientes, sentenciados por la mala decisión de no llevar aparatos o los tan conocidos ahora, los ‘Brackets’, hacen que mi sonrisa no sea tan cinéfila, o lo que algunos dirían que no es una sonrisa profident, pero que con los años cada vez veo más bonitos.

Mi cara, siempre fue redonda, llena. Nunca la vi fina, con rasgos propios de revista. Mi nariz, chata, y digna de llamarla una nariz africana, se puede ver incluso en rostros caucásicos. Nunca fue un motivo por el que sentir rechazo, pero la comparación estaba ahí. Hoy comprendo que me permite respirar y mentiría si no dijera que no es bonita.

Mis pómulos, llevan la marca del nacimiento. ¿Cuántas veces oí decir que no mostrara esa mancha? No era algo en lo que repara. Nunca he sentido complejo por ella. Forma parte de mí, ¿Por qué debería sentir vergüenza? Si quisiera quitarla o disimularla existen bases de maquillaje, pero me he sentido cómoda siempre. ¿Por qué intentamos catalogar como bonito todo?

Tuve la osadía, de rebelarme contra mi cuerpo:

Mis muslos, algo voluptuosos, por herencia, un poco por descendencia o por mi alimentación hacen exactamente su función, darme ratos de caminatas. Hubo un tiempo que los odié, pero ahora los veo y hacen esa forma en mi cadera que algunos dirían guitarra. Sé bien que no es un cuerpo delgado, que no hallan músculos trabajados, que mi cuerpo fue maltratado por subes y bajas, que les propiné palabras descabelladas y, sin embargo, tenían exactamente la función que siempre habían tenido, proporcionarme calor o frio, llevarme de allí o allá. Pudo ser mejor visto, pero envidiado y poco valorado; bien podría ser el peor visto, pero mal logrado y una constante lucha.

Mi barriga, era plana pero nunca la vi como algo bonito en mi cuando alcance los limites de los kilos de más y aunque considero que sigo pesando demasiado en ella, veo al cuerpo abrupto y fornido, como la casa en la que volver a mirarse al espejo.

Quizás le quita valor el haber querido adelgazar, comer mejor, porque hay una tripartición entre los que quieren comer bien, los que se cuidan y los que se aceptan cual son.

Decidí cambiar aquello que me preocupaba y aun sigo pensando que a algunos no les gustaría como estoy después de numerosos kilos perdidos, pero ahora me deseo, ahora recurro al espejo para sentirme sexy, me quiero, mi animo ha cambiado y lo más importante, he cambiado de forma de pensar con respecto a mi misma. He conseguido romper barreras que tenía, y sé que tendré otras muchas.

¿Qué cambia mi opinión?

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“Para sentirte mejor contigo misma, no por otros.”

 

Mis propios cambios bajo mi visión. Mi propia percepción.

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2 comentarios en “La osadía de una elección tripartida.

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