My diary #3 : Los problemas de pareja y las amistades.

Mis recuerdos con las amistades, no son fructíferas. Todo el que se ha acercado es porque algo quería o quiero pensar que era por eso, realmente nunca lo supe.
Me recuerdo a mí misma jugando con una vecina a las muñecas, al escondite y hablar de cosas sin sentido con menos de diez años. Éramos inseparables hasta que no sé porque dejamos de ir por allí. Creo que simplemente fuero circunstancias sin motivos. Pero otra muy buena amiga la dejé de ver por el curso de la vida. Mi madre se casó nuevamente y nos mudamos a un pueblecito. Nunca más volví a saber de aquella vieja amiga con la que tantos juegos compartí a pesar de doblarme ella en la edad.
En cierto modo, siento que todo lo que parecía seguro, la vida me lo arrebató.
En el nuevo pueblo me costaba relacionarme debido a mi timidez y como ya dije en mi anterior post ( ” My diary”: El principio  ) yo era muy introvertida. Con los años esto ha ido reduciéndose considerablemente pero supongo que todos durante la niñez somos más tímidos. Lo preocupante fue al llegar al instituto que seguía con las timideces y mi poca conversación.
¿Quién me iba a decir que después de tantos años todo eso cambiaría?
… La llegada la nueva ciudad me llevó a conocer nuevas amistades y también a descubrir lo que es realmente la verdadera amistad.
Con apenas veinte años me mude de ciudad, segura de que amaba locamente a mi pareja y que quería pasar el resto de mi vida con él y na nada ni nadie iba a impedírmelo.
Creo que aunque no quería reconocerlo, íbamos tremendamente deprisa y que aunque no tenía por qué salir mal, acostumbrarse dos mentes iban a ser un gran paso para los dos pero nos entendíamos bastante bien al principio el problema es que justo cuando comenzamos a convivir juntos comenzó la crisis y pudimos ver de qué pasta estábamos hechos cada uno. Sacaríamos lo peor de nosotros.
Él, acostumbrado a ganar mucho dinero, no había cosa que no fuera suya. Estaba acostumbrado a que si quería algo, tenía que comprárselo sin reparar en que la vida ahora iba a ser más dura y debiéramos reducir los gastos. No fue un camino un camino de rosas. Solía gastar dinero en cosas que no corrían prisa, mientras al mismo tiempo trataba de hacerle entender que ya no estábamos en los tiempos de antes en que uno podía rendirse a lo que uno quería. Había que apretarse el cinturón y bien.
Fueron muchos años de rupturas y vueltas en las que se dijeron cosas sin sentir, palabras sin sentido, y huidas de la casa porque una no aguantaba más.
Cierto día, decidimos que si queríamos que estar juntos deberíamos estar el uno para el otro. Ayudarnos y apoyarnos pero sobretodo, recortarnos en caprichos.
Para nosotros fue una etapa de muchas luchas y muchas discusiones que finalmente conseguimos aplacar mediante la palabra y la paciencia el uno con el otro. Aceptando que no todo tenía que ser como uno solo quisiera sino juntarnos para llegar a una comprensión mutua sin que ninguno de los dos, saliera dañado.
Si tuviera que dar un gran sabio consejo es que tu familia no debería saber nada de lo que en tu pareja suceda porque ellos se tomaran la libertad de decir o decidir que es mejor para ti y no, el que mejor sabe que es mejor para ti, eres tú mismo.
Esto es algo de lo que aún tengo que aprender. Pero de todo se aprende y los años ganan a nuestro favor.

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